Me vais a permitir un pequeño engaño en el titular, un anzuelo (o clickbait que se dice ahoraque os he echado para captar vuestra atención, pero el submarino “Echevarrieta-1“, vasco, vasco………no era. Digamos que tenía padre vasco, abuelos alemanes y nació en Cádiz.

Pero empecemos por el padre, nada menos que Horacio Echevarrieta, un empresario vasco que, de haber nacido en Estados Unidos o en el Reino Unido, varias películas se habrían filmado sobre su figura y logros. 

No en vano, y resumiendo un poco, Horacio Echevarrieta (Bilbao, 1870, Barakaldo 1963) era el hombre más rico de España en los años 20 del pasado siglo, fue un republicano convencido, amigo personal del rey Alfonso XIII, nombrado Marqués por su acción de rescate a los prisioneros españoles del desastre militar de Al-Annual (Marruecos) y sin embargo rechazó el título por ir contra sus ideales políticos, fundó y participó en grandes empresas, algunas de las cuales continúan en activo (Iberia, la cadena SER, Iberdrola, Astilleros de Cádiz…), diputado en Cortes, construyo parte de la Gran Vía madrileña y el metro de Barcelona, estuvo metido en una red de negocios y espionaje con el mismísimo Almirante y jefe de la inteligencia militar Wilhelm Canaris, pasó por la cárcel, junto con su amigo Indalecio Prieto, por su implicación en la entrega de armas a los revolucionas asturianos en 1932, coincidiendo en la prisión con Santiago Carrillo. Tras la Guerra Civil, fue perdiendo poco a poco poder y fortuna y acabo falleciendo a los 92 años en el Palacio Munoa de Barakaldo.

El empresario vasco Horacio Echevarrieta

Da para varias películas… (Nota para los productores: para la versión inglesa veo a Tom Wilkinson como Horacio y a Mark Strong como Canaris. La versión americana tendría a Tom Cruise y al final salvaba el mundo y se casaba con una actriz 30 años menor. No lo veo, la verdad)

El submarino Echevarrieta E-I

En 1926, apenas 8 años transcurridos desde el fin de la Primera Guerra Mundial y de los  tratados de Versalles que prohibían a Alemania equiparse militarmente, la armada alemana evitaba las condiciones de ese tratado construyendo sus submarinos en astilleros holandeses, pero de propiedad germana. En esta área, el desarrollo de sumergibles, eran líderes junto con los italianos y británicos, por lo que el general y dictador español Miguel Primo de Rivera, se interesó en su experiencia para proveer al ejercito español de una de esas embarcaciones.

El submarino Echevarrieta durante su construcción

El buque en cuestión estaba proyectado sobre la base de un modelo de 1918 que no se había construido, y era intención adquirir el diseño del mismo y que fuera construido en un astillero nacional.

En las negociaciones para la compra del diseño del submarino intervinieron Horacio Echevarrieta y el por entonces capitán de la Reichmarine, Wilhem Canaris, que hablaba a la perfección castellano. Canaris llegó a ser  almirante  de la Marina Imperial y Jefe de ejército alemán y de la Abwehr, la inteligencia militar, durante la Segunda Guerra Mundial, para acabar siendo ahorcado por su participación en la Operación Valquiria en la que se intentó asesinar a Hitler (podéis ver la película, Valquiría, aunque salga Tom Cruise).

La intención de Echevarrieta era fabricar el submarino como un proyecto personal, sin estar aún adjudicada la compra del mismo, en los astilleros Echevarrieta y Larrinaga de Cadiz, de su propiedad y posteriormente vendérselo a la marina española.

La construcción del Echevarrieta -1, llamado así en honor a su promotor, fue iniciada, con la tradicional colocación de la quilla, en marzo de 1929 en colaboración con otras empresas de la zona y la ayuda de ingenieros alemanes. Tras sufrir la construcción diversos retrasos, fue finalmente botado en de octubre de 1930. 

Placa con el anagrama de los Astilleros Echevarrieta y Larrinaga

Las pruebas de mar del submarino, equipado con seis tubos lanzatorpedos e impulsado por dos motores diesel  de la alemana MAN de 1.400 CV apoyados por motores eléctricos, fueron realizadas por militares alemanes, que validaron la construcción de la nave. Tras las pruebas, el buque inicio una singladura hacia las instalaciones militares navales de Cartagena para ser evaluado por la Armada.

Pero Horacio Echevarrieta, que había puesto un precio de venta de 8 millones de pesetas (unos 150 millones de euros de hoy en día) y en cuya construcción había invertido una parte importante de su fortuna, se encontró con la negativa del gobierno para la compra del mismo, al considerar más avanzada la tecnología británica.

Tras este fracaso, Echevarrieta intento su venta a otros países, teniendo que incrementar su precio hasta los 13 millones para poder sufragar las deudas que había contraído en su construcción. Francia, Yugoslavia y Polonia rechazaron su compra, y al final el Echevarrieta -1 acabó siendo comprado por el ejército turco por unos 9 millones de pesetas. Operación de venta que Echevarrieta no puedo cerrar al estar encarcelado tras ser detenido en Asturias junto a Indalecio Prieto por ser el responsable del suministro de armas para la Revolución de Asturias.

El Echevarrieta-1, navegando ya con su nuevo nombre y bajo bandera turca.

El Echevarrieta-1 partió de Valencia rumbo a Turquía en diciembre de 1934, con tripulación mayoritariamente alemana a excepción de cuatro oficiales otomanos. Bautizado como “Gür” por la marina turca, navego con la bandera de la media luna hasta 1947, cuando fue desguazado. El diseño del mismo sirvió como base para la construcción de submarinos de ambos bandos de la Segunda Guerra Mundial, la Clase 1a alemana y los submarinos Clase S soviéticos.

Fuentes: Wikipedia, www.naval-encyclopedia.com, www.navsource.org, www.bilbopedia.info, www.aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus