Otro capítulo de esta peculiar serie de publicaciones en las que intento rescatar un poco de nuestra historia industrial y empresarial. En esta ocasión, contamos la historia de “Licor del Polo”, que, pese a su nombre tan exótico, la denominación no tiene origen en los polos Norte o Sur, si no en el cercano Bilbao.

El Licor del Polo fue un invento del farmacéutico riojano Salustiano Orive, nacido en Briones en 1842, en una familia de humildes labradores. No queriendo continuar con la vida de agricultor, con escasa educación y menores recursos, marchó a Madrid, donde ejerció de vendedor en un comercio y estudió el bachillerato y posteriormente, por libre, la carrera de Farmacia. Tras cuatro años en la capital, recaló en Bilbao donde se casó con la también riojana Vicenta Ontiveros, hija de un alto mando carlista, cuya acaudalada familia le ayudó a montar una farmacia en la calle Askao del Casco Viejo bilbaino.

Salustiano Orive, en una publicidad de la marca que el mismo protagonizaba.
Viñeta publicitaria anunciando las bondades del Licor del Polo

Desde esta farmacia empezó a vender sus remedios contra los dolores de muelas, entre ellos el famoso Licor del Polo. Tal fue el interés suscitado por este producto de higiene dental que tuvo que pedir a los clientes que le devolvieran los envases, ya que le resultaba imposible conseguir botellas suficientes para su venta. Este éxito, a parte de grandes beneficios, le llevo a instalar una fábrica en Deusto, que según las noticias de la época era “un modelo de organización y de trato a obreros y empleados“.

El origen del invento hay que buscarlo en la época universitaria de Orive, quien mientras estudiaba la carrera, y tras un dolor de muelas que le provocó grandes dolores, decidió que tenía que inventar un producto que supusiera una mejora en la salud e higiene dental, escasa en esa época. Tras varios intentos, consiguió fabricar un colutorio para la limpieza de la boca, compuesto por la destilación de raíces de jengibre, lirio, nuez moscada y pimienta negra, y otras sustancias de origen vegetal, todas ellas conocidas por sus propiedades desinfectantes, anti escorbúticas, blanqueadoras, y aromáticas. Como rezaba uno de sus anuncios “De coral y finas perlas tu boca parecería si con el Licor del Polo te enjuagaras cada día”

Establecimiento de Orive en la calle Askao de Bilbao

Pero… ¿y lo de Licor del Polo? Pues el nombre nada tiene que ver con la asociación del frescor que producía en la boca dicho elixir, ni de que parte de sus componentes provinieran de frías latitudes (yo así lo pensaba de pequeño, e imaginaba osos polares utilizando el infalible remedio para la limpieza bucal). Mientras Salustiano estudiaba la carrera en Madrid, trabó amistad con otro estudiante de farmacia, de nombre Apolinar Espinosa, apodado el Polo, o Apolo (desconozco si por su belleza), al que prometió que si algún día inventaba algún producto farmacéutico, le pondría su nombre. Y de ahí viene el nombre.

Desterrado de Bilbao en 1910, parece que ser que por mentir en un juicio, marchó a La Rioja, donde  falleció en 1919. Hombre de carácter, sus enfrentamientos con su familia le llevaron a intentar desheredar  a parte de sus hijos que tardaron décadas en poner en orden el gran patrimonio que había legado.

La empresa continuó con su actividad farmacéutica con los hijos al mando de la misma, y de sus laboratorios salieron otros productos, como el jarabe para la tos “Orive”  en 1930 (que contenía un 30% de heroína, como locos irían los pobres niños), y la crema dentífrica en tubo y en dos sabores, algo novedoso en España.

Actualmente la empresa, que llegó a ser propietaria de otro gran conocido de la higiene, la gallega La Toja, es propiedad de la multinacional alemana Schwarzkopf & Henkel que continúa fabricando productos de higiene bucodental con el nombre que ideó Orive, en recuerdo de su amigo Apolinar Espinosa.

Fuentes y material gráfico:

https://www.licordelpolo.es/
https://memoriasclubdeportivodebilbao.blogspot.com
https://parecequefueayer.espaciolatino.com/