Fácil lo ponemos, estoy seguro de que a nada que se hayan seguido estas publicaciones de “Arqueología del Diseño Gráfico e Industrial de Euskadi” o se tenga un poco de conocimiento de la industria vasca, su trayectoria e historia, es fácil adivinar que la primera patente estatal para una pistola semiautomática salió………

…de Eibar, que por algo es conocida como la Villa Armera.

Antes de nada, ¿qué es una pistola semiautomática? Pues es aquella en la que los gases del cartucho disparado se utilizan para expulsar el casquillo e introducir uno nuevo en la recámara, en oposición al revolver, donde la expulsión del casquillo es manual. Por si no ha quedado claro, en “Sin Perdón”, Clint Eastwood empuña un revolver, y Samuel L. Jackson en “Pulp Fiction” una pistola semiautomática.

Ni William Munny ni  Jules Winnfield utilizaban armas de Eibar. Unos ignorantes…

Aclararemos que el nombre de “pistola semiautomática” puede conducir a error, al hacer pensar que existen las “pistolas automáticas”, estas serían aquellas en las que apretando el gatillo salen de continuo todas las balas (como en una ametralladora).

El origen de las mismas puede situarse en Alemania donde el armero Hugo Bochardt patentó en 1893 su éxitoso modelo Borcchardt C-93, para el que adoptó el mecanismo de disparo que ya se utilizaba en ametralladoras.

En lo que se refiere a la  patente de pistola de Eibar, su responsable fue la empresa “Anitua y Charola”, formada por Ignacio Charola Achucarro y Miguel Anitua alrededor de 1870. En 1898 y con el nombre de la empresa cambiado al totalmente distinto “Charola y Anitua” (aquí seguro que hubo pelea de gallos por ver quién ponía primero su apellido) patentaron la primera pistola semiautomática que llegó a fabricarse en España. Existe una patente previa de un pistola LOSADA, de Enrique Losada y Corral, pero no llegó a fabricarse.

Pistola de Charola y Anitua, vendida por la casa de subastas Paulbert-Serpette de París

La pistola de Charola y Anitua “un aparato o mecanismo especial para armas de fuego de repetición portátiles” según reza en la patente, se trataba de un arma de calibre 5mm con capacidad para 6 balas que se cargaban con peine por la parte superior del arma.

La pistola fue presentada a las pruebas realizadas por el ejercito en su Comisión de Experiencia de Artillería para considerar la idoneidad de su compra y uso como arma corta reglamentaria del ejercito.

Pero el ejercito rechazó el arma, al considerar que su pequeño calibre no era el adecuado para un arma de guerra. Sin embargo, Charola y Anitua encontró en la exportación y en el uso de su arma como pistola de tiro deportivo una salida a su producto.

La pistola tuvo una vida muy corta en el mercado, cesando totalmente su producción en 1900, coincidiendo con la salida de Miguel Anitua de la empresa. La empresa continuó operando con menos de diez trabajadores hasta la muerte de Charola, en 1908.

Por su parte Anitua, como otros industriales eibarreses (ver GAC, de las pistolas a las motocicletas ) enfocó su actividad  industrial a la fabricación de maquinaria y aparatos eléctricos, asociándose posteriormente con uno de los hijos de su antiguo socio para formar “Anitua y Charola” (no se rompieron mucho la cabeza pensando el nombre), empresa dedicada a la venta de maquinaria industrial, actividad que mantuvieron hasta los años 30 del pasado siglo.  

Fuentes: “Evolución del arma corta en España”, de Gil Gil Borrallo. “Las pistolas Charola y Anitua”, de Juan L. Calvó. Pauulbert-Serpette.